Fotografia propiedad S140 Vendida VENDIDA

Casona Indiana del S. XIX que es pura inspiración. Cantabria

Ref. S140

Con carácter propio, miradores de ensueño y una huerta que linda con el río.
  • 6 habitaciones
  • 7 baños
  • 520 m2 construidos
  • 4.420 m2 de terreno
Brochure
Se sitúa en pleno Valle de Anievas en una parcela de casi 4.500m2 y está rodeada de todo lo que se espera cuando nos queremos perder sin alejarnos del mundo. El río Casares que linda con su huerta, los montes de El Portillón que saludan a cuatro de los dormitorios, pueblos con mucho encanto y el románico más puro. A escasos kilómetros del centro geográfico de Cantabria, a unos 40 min. en coche de Santander y a 400 km de Madrid.

La casa fue construida a mediados del S. XIX por una familia de la zona que volvió de Cuba. Cien años después, pasó a ser la panadería del pueblo -en el salón, aún se conservan parte de los ladrillos que formaban el horno-, y en las décadas posteriores, fue hogar de varias familias hasta que en 2020 terminó la transformación que la ha convertido en la preciosa construcción actual.

La casa principal, de unos de 350m2, ofrece todo el confort conjugado perfectamente con elementos de época como los suelos de roble y de nogal, las ventanas y puertas originales, muros y tejas recuperados y un entorno donde, esté soleado o gris, los verdes son más verdes.

Su toque ecléctico – bien entendido- es fruto de la experiencia de sus actuales propietarios que han querido transmitir el concepto de belleza como objeto cultural, haciéndolo presente en piezas de diferentes siglos que inspiran a la continua creación y al pensamiento.

En la entrada nos recibe el exuberante Magnolio, un laurel y un arce rojo y si seguimos hacia el patio, unos maceteros del antiguo Banco Central de España nos empiezan a revelar la singularidad de la propiedad.

En el interior, atrae nuestra atención la gran escalera, con aires gustavianos e iluminada por seis apliques holandeses del S.XIX. Es una de las grandes protagonistas y comunica los tres pisos de la vivienda.

En la planta baja encontramos, el comedor -un espacio cálido y que puede albergar hasta doce personas-, de estilo Gustaviano con toques franceses y que conserva el suelo hidráulico original. El salón, es un lugar para pasar agradables momentos junto a su chimenea. Con una mesa de refectorio para leer mirando a la huerta y a la terraza, y la zona de mesa camilla ideal para echar una partida de cartas o de Scrabble.

La cocina, iluminada por dos lámparas industriales alemanas de los años 40, es amplia, contemporánea y práctica con todo lo necesario para crear buenos momentos alrededor de una buena comida.

Subimos a la primera planta y el distribuidor nos dirige hacia cada una de las estancias, cinco dormitorios amplios todos con baño en suite y decorados a detalle con una mezcla de estilos que le imprime a cada uno su propio carácter. Todos con encantadores balcones con vistas al monte o a la huerta.

Llegar a la última planta es una experiencia en sí misma, donde las mezclas imposibles funcionan y sus dos miradores nos ofrecen puestas de sol y amaneceres extraordinarios.

Detrás de la puerta de lo que antiguamente eran los sobrados también se esconde una agradable zona de trabajo con vistas al monte Tejas.

Y el baño, amplio, con luz natural y en colores turquesas, es un lugar idóneo para leer un libro iluminados por una lámpara de Pierre Frey.

Dispone también de una construcción anexa de unos 170m2, interiormente en bruto pero cuya cubierta ya ha sido rehabilitada.

Un paraíso para vivirlo, para disfrutarlo y seguir encontrando inspiración.

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